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¿CUÁNDO SE JODIÓ ESPAÑA (Y DE PASO EL PERÚ) Por Hernando de Soto © Lima, 23 de noviembre de 2022

Cuando los conquistadores convencidos de que la riqueza provenía del mineral y no del capital -el mismo “bullionismo” del que participan hoy ciertos mineros peruanos- España se atiborró de metales preciosos, creó capital ficticio y pasó de ser el país más rico al más pobre de Europa.

Publicado: 2022-11-24

Para que no se repita la historia y se acabe con los conflictos sociales que paralizan el desarrollo del Perú es crucial salir del marco bullionista, dentro del cual se estimulan pasiones -- “tierra o muerte” -- y se reducen las posibilidades de solución al ámbito político de la soberanía y la corrupción. Por eso hemos desarrollado una propuesta que aborda el tema por la vía del capital, donde existen los mecanismos necesarios para alinear y transparentar los intereses en juego utilizando la tecnología digital y sin que nadie pierda territorio.

Pero para llegar a nuestra propuesta y entender la estrategia que la orienta es indispensable comprender que el obstáculo fundamental que hay que remover es el anti-capitalismo minero, que proviene de un poderoso paradigma clasista creado por Karl Marx denominado “Capital Ficticio”. Este se basa en la convicción de que las ganancias de las mineras son extraídas no del subsuelo, sino del pellejo de los dueños de la superficie a quienes han embaucado dándoles un capital efímero, ficticio, que contrasta con el capital real que reciben y acumulan las mineras.

El capital ficticio en el Perú del siglo XXI

Este tema del capital ficticio es hoy particularmente sensible en el Perú y en el resto América Latina porque deriva de lo que las mayorías consideran una gran estafa. Para comprenderlo, recordemos que en 1990 cuando el comunismo económico colapsó, esas mayorías optaron por construir una economía libre y capitalista. Para respaldar esta construcción, el Estado reconoció las pequeñas empresas, tierras y posesiones del Perú profundo quienes se pusieron las pilas para generar capital, entendido como un valor que no iba a colapsar.

Trágicamente, 30 años después, cuando nos azotó el Covid, el capital que generaron los pequeños emprendedores del Perú profundo colapsó: en menos de un año la mitad de sus actividades empresariales, ahorros e ingresos desaparecieron. Esto permitió a los comunistas decirles a las víctimas que ellas habían sido estafadas con “capital ficticio”. Indignados, hoy están llenando plazas y bloqueando la explotación de los recursos que están sobre y bajo sus tierras.

El capital ficticio es una vieja enfermedad recurrente que ha dejado suficientes huellas que nos permiten curarla.

Esta enfermedad fue identificada en el siglo XIX, época en que el capitalismo desplazaba a los regímenes económicos tribales, feudales y comunales y cuyos miembros desplazados, ayer como hoy, conformaron pequeñas empresas que se encontraron en desventaja frente a las empresas bien capitalizadas y que operaban a gran escala.

Para evitar que estos conflictos sociales devengan en una explosión incontenible, los gobiernos occidentales, igual que hoy, promulgaron legislación especial para que los desplazados puedan asentarse en propiedades urbanas, agrícolas, zonas mineralizadas y recibir créditos. Como resultado, las entidades financieras abrieron sus ventanillas y prestaron sobre todo en base a deudas, debido a la poca información existente sobre los activos informales.

Al principio el crédito fluyó sin problemas, pero cuando llegaron los malos tiempos --epidemias como la del cólera de entonces o el Covid de hoy-- los bancos, temiendo la morosidad, dieron un brusco giro de 180 grados, pasando de la expansión a la contracción del crédito y ¡zas!, el dinero prestado desapareció, arrastrando el valor de mercado de los activos, las acciones y los pagarés de las pequeñas empresas, obligándolas a desinvertir y consumir sus ahorros. Entonces, al igual que hoy en Latinoamérica, la sociedad se dividió en dos partes: aquellos que tienen capital real que no colapsa y los de las pequeñas empresas a quienes les dieron capital ficticio.

Karl Marx: El capital sólo vive en el universo de las cosas existentes.

Cuando los Estados Unidos sufrió su primera gran crisis financiera en 1819, Thomas Jefferson, el tercer presidente de Estados Unidos, acuñó el término "capital ficticio", definiéndolo como documentación financiera desconectada de la propiedad. Pero al igual que la mayoría de los economistas clásicos desde Marshal, Galbraith y Hayek, este admitió que no tenía una solución para evitar que se siga creando “capital ficticio”. Según Jefferson, ello requeriría “...más conocimientos de economía política de los que poseemos".

El que sí dijo que tenía una solución fue Karl Marx y creó el paradigma según el cual el capital real sólo se refiere a activos que ya existen. Cualquier papel valor que crea un derecho de propiedad sobre algo que no existe o es aparente --sean acciones, participaciones, bonos y derechos mineros o financieros vendidos para invertir en nueva producción-- es capital ficticio. Cualquier supuesto valor potencial que supere el costo del trabajo es ficticio, "totalmente ilusorio", "valor inflado artificialmente" y "especulación descarada", es decir, es capital ficticio.

Este paradigma perdura pues los discípulos de Marx lo han actualizado constantemente al extremo de que hoy acusan a las finanzas digitales de usar "sutilezas metafísicas” y “los metaversos" para generar y encubrir una riqueza falsa.

El Misterio del Capital: el capital vive en dos universos, el de las cosas que existen y el de las que potencialmente pueden existir.

Como lo afirmé en “El Misterio del Capital” y en mis debates con Thomas Piketty, Marx se equivocó: el capital real vive en dos universos del conocimiento.

El primer universo es aquel donde se registran las cosas que ya existen, las aparentes, tales como el Hotel Melody, el litio inexplotado de Puno o las deliciosas granadas de Chincha.

Pero es en el segundo universo, el de los mercados donde se forma el capital y donde se conciben, examinan, miden, fiscalizan, registran, titulan, titularizan y se concretizan aquellas cosas que sólo existen potencialmente.

Es en este universo donde las naciones avanzadas le extraen plusvalías inesperadas a las cosas que ya existen y conciben de la nada -ex-nihilo- cosas que aún no existen. Es ahí donde se construye, cultiva y maneja el lenguaje que permite identificar, significar, valorizar y comunicar la realidad potencial. Además, es el lugar donde funcionan los mecanismos que permiten filtrar las invenciones deficientes o las propuestas fraudulentas para quedarse sólo con las ideas que funcionan y que pueden ser negociadas.

Explicar este universo a un intelectual es relativamente sencillo pues me basta referirme a Aristóteles, quien a partir de una traducción que contraté del griego antiguo al español, concluyó que: “el potencial de las cosas es mucho mayor que las cosas en sí mismas”.

Pero para explicárselo a mis amigos mineros, que son Ingenieros, me referiré a las aguas plácidas del Lago Junín donde se origina el potencial de la energía que mueve nuestra industria e ilumina nuestras ciudades.

A partir de esa imagen, explico que el capital, al igual que la energía, es un potencial que, para concretarse y realizarse, requiere de una cadena de transformación de 7 grupos de protocolos: Los que certifican la energía potencial del agua midiendo su volumen y su altitud; los que certifican la cantidad de energía cinética que podría generarse al final de su caída gravitatoria; y los que certifican el tipo de turbinas y generadores que serían necesarios para transformar la energía cinética en electricidad controlable que, cuando finalmente llegue a nuestros hogares y empresas, valga no sólo la suma de los valores individuales de cada transformación energética, sino cientos o miles de veces más que el valor aparente del plácido Lago Junín.

Los siete grupos de protocolos de la cadena de valor para crear capital.

Crear capital es similar a crear energía, pues ambos nacen de conceptos que para realizarse deben cumplir con una cadena de transformación de siete protocolos que permiten al usuario categorizar, combinar y alinear las cosas que existen y las ideas que se nos ocurren, conforme con las reglas de la física y las normas que rigen la vida social.

Para el caso específico del Perú hemos desarrollado, comprobado y codificado los 7 grupos de protocolos para que cubran especialmente las necesidades de la minería. Dada la diversidad de operaciones mineras se pueden utilizar contratos inteligentes (smart contracts) y organizaciones descentralizadas autónomas (DAOs) que se adaptan a los distintos tipos de comunidades y culturas del Perú y otras aplicaciones de la tecnología del internet tipo Web3/Blockchain.

Pero lo más importante es que nuestra cadena identifica y recoge de entre un desordenado pajar de 800,000 normas que el gobierno ha emitido en las últimas tres décadas, aquellas que por su historial de aplicación son los asertivos que los peruanos respetan y obedecen; distinguiendo las normas y prácticas que son ejecutables local e internacionalmente de aquellas que son ceremoniales y retóricas.

En medio año le podremos decir a cualquier comunidad, propietario o minero ya sea en el corredor de las Bambas en Cusco, Apurimac, Arequipa, Cajamarca o de cualquier parte del Perú, cuál es la ruta crítica que deben seguir para formar capital.

Eslabón 1: Los 11 asertivos que comprometen al gobierno peruano a capitalizar a los emprendedores de las pequeñas empresas, tierras y posesiones del Perú profundo -- en adelante PPs -- de acuerdo con los convenios internacionales.

Eslabón 2: Los 1469 asertivos que comprometen al gobierno peruano a hacer efectiva la capitalización de los PPs, de acuerdo con la ley nacional. De estos, 15 derivan del Tribunal Constitucional, 10 de la Corte Suprema, 594 de leyes y D. Leg., 680 de 15 D. Supremos, 98 de Resol. Ministeriales y 72 de actos administrativos.

Eslabón 3: Los asertivos emitidos por certificadores locales reconocidos por la ley. Incluyendo, 6,000 jueces de paz, 4,000 subprefecturas, 50 cámaras de comercio, organizaciones notariales, las seis confederaciones de gremios de los PPs, etcétera.

Eslabón 4: Los 6 tipos de asertivos que los PPs utilizan para titular sus activos existentes, así como aquellos que especifican la legislación que siguen los emprendedores para gobernar, transferir y defender los derechos de propiedad a nivel local y aquellos usados para encontrar los atajos para simplificar trámites y acceder a los historiales para medir riesgos.

Eslabón 5: Los asertivos que dotan a los PPs con las 17 funciones que los incentivan a cumplir con sus compromisos y que necesitarán para ser reconocidos como interlocutores válidos en los mercados financieros internacionales.

Eslabón 6: Los 46 asertivos que dotan a los PPs de los atributos para contratar como individuos o como colectivos privados según identificaciones y normas reconocidas por los mercados financieros internacionales y participar plenamente en los grandes proyectos que se implementarán en el marco de la “Franja y la Ruta de China-BRI” (antes conocida como la Iniciativa de la Ruta de la Seda) y de la iniciativa “Build Back Better World-B3W” lanzada por el presidente Biden y el Grupo de los 7 (G7).

Eslabón 7: Asertivos que permiten a los PPs satisfacer los requisitos de los mercados de capitales: en particular, la Ley de Valores de 1933, la Ley de Intercambio de Valores de 1934, la legislación antifraude, los códigos de ética y el buen gobierno corporativo, para así crear capital y monetizarlo en los mercados financieros.

Los dos abracadabras

Una vez que la información contenida en los 7 eslabones está empaquetada en un solo archivo, este puede ser aceptado en la ventanilla de recepción de una empresa financiera especializada en China, Estados Unidos o Europa, que lo acredita en sus libros contables como un activo y –el primer abracadabra-- lo convierte en capital real. A cambio de esta prenda, la empresa financiera puede --el segundo abracadabra-- emitir dinero que puede invertirse y crear riqueza.

Esta cadena de valor de 7 eslabones no es producto de la imaginación, es fruto de tres largas experiencias. Primero, el de dirigir y financiar proyectos de infraestructura en Europa y de trabajar proyectos concretos de transformación e inclusión con jefes de Estado y a nivel de organizaciones de base en unos 20 países en desarrollo y excomunistas.

Segundo, trabajar con emisores (fund originators) y garantes (underwriters) en los mercados de capitales desde New York hasta Zurich y Zug.

Tercero, dirigir equipos de investigadores para hacer un estudio comparado sobre lo que hicieron los distintos países capitalistas exitosos durante el siglo XIX y XX para armonizar la formación de capital con los movimientos sociales.

Por qué tanta importancia al capital y los recursos naturales -en especial la minería- cuando el problema fundamental es nuestro entrampamiento político.

Porque es obvio que la solución al entrampamiento político no es intrínseca sino extrínseca. No se le puede pedir a Luis XIV que se reforme a sí mismo. No hay nada que indique que el problema político va a ser resuelto por los políticos de turno ni por la voluntad de los políticos de la comunidad internacional que, como dice la revista The Economist, creen que el Estado peruano está compuesto por “un Ejecutivo incompetente y un Legislativo desprestigiado”.

Lo que sí me resulta obvio es que a los peruanos, como resultado de la era post-Covid la guerra entre Rusia y Occidente que se desarrolla en Ucrania, se nos ha abierto sorpresivamente una gran oportunidad para romper la inercia política, reactivar y unir a la sociedad civil, concitar el interés de la opinión internacional, desarrollarnos económicamente y darle una oportunidad a nuestra clase empresarial formal de lucirse y sacar al Perú adelante.

He aquí la lógica. El arma de Rusia más potente es que suministra a Europa la mitad de petróleo, gas y carbón que necesita para generar energía y cada día le cierra más el caño. Para romper este estrangulamiento, Occidente ha acelerado el desarrollo de energías menos contaminantes, como son la hidroeléctrica, nuclear, eólica y solar. Todas necesitan conductores de electricidad, principalmente cobre, litio, plata y oro (un auto eléctrico chino utiliza tres veces más cobre que uno de gasolina) y el Perú produce todo eso.

Esto coloca al Perú en una posición privilegiada porque tenemos las mayores reservas probables de cobre del mundo y, junto con Chile, exportamos el 38% del cobre total, y poseemos importantes reservas de litio, plata y oro que también son conductores.

Por lo tanto, el Perú no solo podría ser la Arabia Saudita del cobre, el metal de la electrificación, sino además el prestigioso facilitador de las energías limpias en el siglo XXI.

Conclusión

Económicamente no hay otro camino que no sea extender algún tipo de economía social de mercado a los emprendedores del Perú profundo: Sueca, Suiza, Americana o la costa oriental de China. En los últimos 75 años, desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy el PBI per cápita de las sociedades capitalistas ha crecido cuatro veces más que el PBI de toda la humanidad desde el nacimiento de Cristo hasta la derrota nazi en 1945.

Si la gran minería en su trato con los emprendedores del Perú profundo, incluyendo a los mineros informales, pasan del bullionismo arcaico español, de la interpretación obsoleta del capital ficticio de Karl Marx, y se acercan al Antiimperialismo y el APRA de Haya de la Torre, y asumen los valores occidentales de compatibilizar los derechos de la propiedad (superficie) con los derechos mineros (subsuelo), se cerrará la históricamente absurda brecha entre ellos y, de esa manera, nuestro país saldrá unido y triunfante.


Escrito por

Hernando de Soto

Economista Peruano. Presidente del Instituto Libertad y Democracia (ILD). Autor de “El otro Sendero”, “El misterio del capital” y “Los hecho


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